- Informar a sus afiliados/as de todas las cuestiones relativas al cannabis sativa que puedan resultar de interés. La AMEC realiza esta labor desde el punto de vista científico, médico y legal, con el objetivo de asesorar a nuestros socios sobre la mayor variedad de temas posibles. Para ello, tratamos de contar con expertos que nos asesoren en distintas materias (periodistas, médicos, abogados, etc.).
- El asesoramiento de sus socios ante el vacío legislativo en torno al cannabis y sus derivados que provoca la represión. Existen varios abogados que colaboran con la AMEC en la tarea de recurrir las multas por tenencia de cannabis. La AMEC se reserva el derecho de llevar a cabo iniciativas legales contra algún aspecto de las leyes vigentes que perjudiquen a los consumidores de cannabis (como ocurre con la Ley Corcuera).
- Conseguir la normalización del cannabis y sus derivados con todo lo que eso implica (educación, auto cultivo, compra-venta, etc.). Para ello la AMEC trata de promover el debate social sobre la actual política represiva, para que se analicen sus resultados y se discutan alternativas encaminadas a la reducción de daños. Una de las prioridades de la AMEC es que las autoridades escuchen la voz de los consumidores de cannabis, ya que pensamos que para solucionar los problemas que crea la prohibición es imprescindible buscar el consenso con los millones de españoles que consumen los derivados de la planta. En estos momentos, las autoridades mantienen a las asociaciones cannábicas alejadas de todos los foros donde se debate sobre el tema (comisiones parlamentarias y de los parlamentos regionales, jornadas en universidades y fundaciones, etc.).
- Además, la asociación denuncia cualquiera de las actividades de las distintas Administraciones Públicas que menoscaben el derecho de cada uno a introducir en su cuerpo las sustancias que le dé la gana. La AMEC también denuncia enérgicamente la guerra contra las drogas, una guerra que genera más problemas sociales y dramas personales que las propias sustancias prohibidas.
En el caso del cannabis, se criminaliza a los consumidores de una sustancia que la Organización Mundial de la Salud califica, en su informe sobre drogas de 1998 como “más inofensiva que el alcohol y el tabaco” y que la propia DEA reconoce, en un informe de 1988, que “la marihuana es menos perjudicial para el organismo que algunos alimentos que se venden en los supermercados”.